De Monarquia ou Democracia a 11 de Junho de 2014 às 10:07

Monarquía o democracia: ese es el dilema
9 junio 2014 , ATTAC.es

Gerardo Pisarello – Consejo Científico de ATTAC España

La precipitada abdicación de Juan Carlos de Borbón y Borbón ha colocado sobre la mesa algo más que el debate monarquía-república. Ha puesto en evidencia el antagonismo de fondo que existe entre monarquía y democracia. En el pensamiento político clásico, la monarquía remite al poder de uno. La democracia, en cambio, al de todos. La monarquía se basa en una institución hereditaria, no electiva, sujeta a numerosos privilegios y a regulaciones de excepción. La democracia presupone el autogobierno popular y la elección y fiscalización de todos los representantes políticos, incluido el jefe de Estado. Desde una perspectiva democrática, la existencia de un rey será siempre un elemento extraño, anómalo. En el caso español, esta incompatibilidad entre monarquía y democracia, entre monarquía e igualdad, tiene connotaciones más profundas.

La condición de rey de Juan Carlos de Borbón no tiene, de entrada, origen democrático alguno. Proviene directamente de la legislación de una dictadura, la franquista. Fue Franco quien lo nombró “sucesor a título de rey” en 1969 y él hizo poco para romper ese vínculo. Se comprometió, por dos veces, a cumplir las Leyes fundamentales franquistas. E impidió, como ocurrió en Italia tras la caída del fascismo, que la ciudadanía pudiera ser consultada sobre la continuidad o no de la Monarquía.

La Transición de la dictadura a la monarquía parlamentaria no borró esa carencia democrática. Durante la primera entrevista personal que Adolfo Suárez mantuvo con Felipe González, el 10 de agosto de 1976, este último le planteó la necesidad de llevar a cabo un referéndum sobre la forma política del Estado. Suárez respondió que someter a referéndum la legalidad monárquica era romper con la anterior y con la posibilidad de hacer la transición desde el poder. Y que por si fuera poco era probable que el resultado fuese favorable a la opción republicana.

En las Cortes Constituyentes de 1977-1978, la mayoría de grupos parlamentarios que integraban la comisión constitucional (UCD, Alianza Popular, comunistas, Minoría catalana y PNV) aprobaron el artículo primero del anteproyecto de Constitución, que establecía la Monarquía parlamentaria como forma política del Estado español. Los miembros del PSOE se abstuvieron y lanzaron agudas pullas al diputado y ponente comunista, Jordi Solé Tura. El ímpetu republicano, sin embargo, no duró demasiado. Al final, acabaron aceptando la Monarquía y convirtiéndose en sus máximos valedores.

Bajo la atenta vigilancia de los poderes económicos y militares vinculados a la dictadura, la Constitución y las leyes que la desarrollaron prefiguraron una democracia de partidos, tendencialmente bipartidista y desconfiada frente a la participación ciudadana directa en los asuntos públicos. En ese entramado, el Rey se erguía como garante de la “unidad y permanencia” del Estado, inviolable civil y penalmente e irresponsable en términos políticos. Gracias a la presión de Alianza Popular y de UCD, todo lo referido a la Corona fue blindado a través de un mecanismo de reforma tan complejo que la hace casi irreformable. El mismo que Mariano Rajoy sugiere a quienes plantean que sea la sociedad, democráticamente, la que se pronuncie sobre el sentido actual de la institución.

Con el referéndum sobre la Constitución, aprobada bajo la mirada vigilante del Ejército, se pretendió otorgar al rey una legitimidad democrática que limpiara sus vínculos con la dictadura. El 23-F vino a completar la operación. Las condiciones en las que aquella asonada fue urdida y el papel de Juan Carlos de Borbón en ella son turbios (en febrero de 2012, el semanario alemán Der Spiegel reveló, tras la desclasificación de documentación diplomática de Wikileaks, la simpatía del rey por los golpistas). Con todo, el relato oficial lo convirtió en el rey que “salvó la democracia” y en el primer y más destacado “defensor de la Constitución”. Lo cierto, sin embargo, es que lo que Juan Carlos vino a consolidar fue una democracia limitada y un régimen constitucional cada vez más restrictivo, incapaces ambos de dar voz a la ciudadanía más allá de las elecciones y de proyectar-se ...


Comentar:
De
 
Nome

Url

Email

Guardar Dados?

Ainda não tem um Blog no SAPO? Crie já um. É grátis.

Comentário

Máximo de 4300 caracteres